Once y media de la mañana. Mis padres no están en casa. Me acabo de despertar y todavía me siento como en un sueño. Estoy angustiada y no sé por qué. Intento acordarme de lo que soñé y solo consigo recordar la sensacion de estar atrapada, de intentar huir de algo...pero, ¿de qué? Saco los pies de entre las sábanas y me dirijo con calma a la nevera. Cojo leche, galletas Cola Cao y una cuchara. Estoy sola en casa así que inmediatamente me acurruco en el sofá con el bol del desayuno entre las piernas y enciendo la tele. Me pongo a hacer zapping pero pronto me doy cuenta de que a estas horas no echan nada mínimamente interesante.
La noche anterior fue una absoluta locura. Todo empezó como una tarde cualquiera en casa de April, y no recuerdo como acabó. Mi última imagen fue en un parque con dos copas en mano. Eso podría explicar mi terrible dolor de cabeza... No tengo ni idea de como llegué a mi casa. Por suerte, mis padres están de viaje y no tuve que darle explicaciones a nadie sobre el sospechoso olor a alcohol de mi pelo y en general de todo mi cuerpo.
Termino el desayuno y me voy directamente a la ducha, a ver si así consigo despejarme. Pongo el agua caliente y empiezo a desnudarme. De repente una mancha negra en mi espalda atrae mi atención.
Y allí está. Un extraño tatuaje negro en el nacimiento de la espalda que no recuerdo haberme hecho. Madre mía... ¿tan mal iba?
Corro hacia el teléfono sin molestarme siquiera en cerrar el grifo y llamo a April.
-Vamos April, cógelo...- murmuro para mí misma cada vez más agobiada.
-¿Síííí...?- Me pregunta una adormilada voz femenina.
-April, soy Michelle. Oye, ¿recuerdas lo que pasó anoche?
-Ummm...no muy bien. Recuerdo que estábamos en mi casa y nos llamó Hugh para que nos fuesemos con él al parque de botellón. Bebimos bastante, creo. Luego tú te tuviste que ir y te acompañé hasta tu casa. Todo está un poco borroso, la verdad.
-¿Y no recuerdas nada de ningún tatuaje?
-¿Un tatuaje? No. ¿Por qué lo preguntas?
-No, por nada. Por nada... Vale, gracias.
-Michelle...qué desfase de noche ¿eh?
-Ni que lo digas...-murmuré para mí.-Bueno, te dejo que me voy a duchar.
-Adiós. Yo me vuelvo a la cama.-acabó con un suspiro.
Me dirigí de nuevo al cuarto de baño más intrigada aún que antes. ¿Cómo me lo habría hecho?¿Qué significaba?
Y sobretodo esos sueños que tenía últimamente. Siempre huía de algo que me perseguía y me asustaba y, sin embargo, no sabía de qué huía. ¿De una persona? ¿Un animal? ¿Nada? Era demasiado.
Me metí en la ducha dispuesta a olvidarme de todo. Pero no aguanté mucho y pronto me puse a cavilar sobre todo lo que había sucedido y si tendrían alguna relación los sueños con el tatuaje...No. Pura coincidencia.
Salí del cuarto de baño con una toalla en el pelo y otra alrededor de mi cuerpo. De repente el teléfono se puso a sonar y tuve que salir corriendo mojada y descalza a cogerlo antes de que colgase quien quiera que estuviese al otro lado.
-¿Sí?- pregunté sin aliento.
-Michelle, soy Hugh.-me contestó una voz familiar.-¿Qué tal estás? ¿Tienes resaca?
-Hola Hugh. Muy bien, ¿y tú?. Un poquito sí.
-Yo bien, también.
No me hacía falta preguntarle si tenía resaca porque él era conocido por poder beber sin parar y no dolerle ni un ápice la cabeza al día siguiente. Hugh era un muchacho alto de diecisiete años, moreno y con unos ojos marrones sobre los que se encontraban unas cejas espesas. Tenía una nariz grande, un cuerpo bien formado, y a decir verdad, era bastante guapo. Y yo tenía la suerte de gustarle. Empezamos a salir hace unos dos meses y todavía seguíamos juntos. Él era un chico genial: amable, atento, generoso y en definitiva un perfecto caballero. Sin embargo al estar con él, a veces sentía como que me faltaba algo...
-...así que hoy si te apetece, podemos repetir. ¿Quieres?-Mierda. No me había enterado de nada de lo que había dicho.
-Umm...vale. Me parece bien.
-Entonces quedamos en el mismo parque de ayer y yo llevo las botellas.- Espera, ¿qué? Otra vez el mismo plan de ayer. Bueno, hoy conseguiría controlarme.
Con este pensamiento en mente iba siete horas después camino del parque donde habíamos quedado. Volvíamos a estar los mismos de la noche anterior: April, Hugh, Meredith, Fred, Gwen y yo.
Los chicos empezaron a sacar las botellas de tequila y ron y a repartir vasos mientras nosotras charlábamos.
Hugh se me acercó y me ofreció tequila con limón. Al principio lo rechacé pero luego acepté dos vasos de tequila con limón. tres de ron con Coca Cola y dos chupitos de tequila. Y yo que pensaba controlarme...
Acabé exactamente igual que la noche anterior. Con una única diferencia: cuando me desperté al día siguiente en mi habitación, no estaba sola.
